La verdad es que este artículo surge un poco fruto de mi experiencia como redactora, para hablarte un poco de todos los tipos de clientes que me he encontrado como redactora freelance. ¡No han sido pocos en estos últimos 3 años!

He de decir que el 90% de mis experiencias han sido buenas. No obstante, te contaré algunas anécdotas que me han pasado con clientes que no son ‘santo de mi devoción’. Así que como redactor freelance espero que te sientas un poco identificado conmigo y que te guste el artículo.

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Tipos de clientes que te encontrarás como redactor freelance

El pesado

Este es uno de los tipos de clientes que menos me gustan. Básicamente, porque todos tenemos fijado un precio por artículo que al final se traduce en el tiempo dedicado a dicho artículo. El problema llega con los clientes ‘pesados’ que te hacen perder ‘dinero’ porque le tenemos que dedicar mucho más tiempo que a un cliente normal y al final, los redactores solo cobramos por el tiempo que escribimos. Son un perfil de cliente muy molesto.

¿Trabajo con este tipo de cliente? Lo intento evitar, porque a veces con mis tarifas no me lo puedo permitir.

El olvidadizo

Este es el cliente que peor llevo. Siempre responde los emails rápido, pero a la hora de pagar desaparece. ¿Te suena? Luego le envías amablemente un email diciendo que no te llegó su pago y toda la parafernalia y te contesta diciendo que no le enviaste la factura, que estuvo de viaje y se le pasó y otras excusas que te puedes imaginar. Sinceramente no creo en las casualidades, porque suelen ser un perfil de cliente muy insistente o pesado y a la hora de pagar, el viento se los lleva :/

¿No te parece casualidad que siempre respondan rápido hasta que envías la factura? ¡Cachis!

El borde

No te preocupes si te encuentras con un cliente borde o maleducado que insulta tu trabajo. He de decir que solo me pasó una vez, pero hablando con otros freelance me di cuenta de que era algo que podía pasar y que había que asumirlo. Es el típico cliente que siempre la ‘lía’ ya sea en restaurantes pidiendo la hoja de reclamaciones, protestando en cada sitio al que va, etc. Es el cliente que no le deseo a ningún redactor, porque básicamente, se cree que te hace un favor cuando te paga. Y lo que es peor… te humilla y te hace sentir que no vales nada en tu profesión.

Se caracterizan por pedir pruebas de redacción gratis o ser desconfiados a la hora de encargarte un trabajo. Y si no les gusta lo que le envías te dicen que o le devuelves el dinero o te denuncian, etc. Es decir, van siempre de malas. No son clientes normales (porque esto puede pasar una vez de cada 100). Y te aseguro que no te los querrás encontrar, ni yo tampoco. Son posiblemente el cáncer de esta profesión. Lamentablemente, gente así la hay en todas partes y hay que asumirlo.

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El cliente perfecto

Sí, el cliente perfecto existe. Es un tipo de cliente que es rápido a la hora de responderte a los mensajes, que todo lo que le envías le gusta, que paga al momento, te agradece el trabajo bien hecho, etc. Es de buen nacido ser agradecido… la verdad es que da gusto tener clientes tan buenos, porque al fin y al cabo, te motivan para superarte y hacerlo mejor.

Suelen aceptar las subidas de precio bien, sin ponerte pegas ni bajarte un céntimo. Y por lo general son muy buenas personas, dado que respetan tu tiempo y tu trabajo. Valora y conserva a este tipo de clientes.

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El rata

Le tengo bastante manía a este tipo de clientes, tanta, que suelo huir en cuánto aparecen en mi bandeja de correo. Lamentablemente, tengo varios clientes ‘rata’ que llevo arrastrando en los últimos años (supongo que porque no encuentran a nadie que le haga lo mismo que yo más barato, sino ya habrían prescindido de mí). ¿Por qué digo esto? Porque cada dos por tres te piden una bajada de precio.

El año pasado me vi obligada a subir las tarifas por la subida de impuestos y me quedó grabada una anécdota que creo que no olvidaré en mucho tiempo. Un “buen” cliente mío se puso a regatearme céntimo a céntimo mi precio. Es decir, le dije amablemente que por la subida de impuestos me veía obligada a subir mis tarifas a 0.02 € / palabra (ya ves, carísimo!!!!!!!). Lo curioso, es que me dijo…

– “Llevo más de un año siendo tu cliente no me puedes subir el precio, si fueras profesional me lo deberías bajar”

Le respondí amablemente que no me quedaba más remedio por la subida de impuestos. A lo que me respondió:

-“A todos nos suben los impuestos, no eres la única”

El “buen” cliente no solo me llamó poco profesional por subir el precio y me dijo que los impuestos no eran excusa, sino que siguió…

– “Hacemos una cosa… te doy 0.013 € / palabra más no puedo es mi última oferta”

Le contesté amablemente que lo sentía mucho pero que por menos me era imposible

-“Te estás pasando, vas a perder a muchos clientes, tú sabrás lo que haces. Te doy una última oportunidad, 0.015 € / palabra ni para ti ni para mí”.

(Sí… es lo que estás pensando… parecía una puja por mi trabajo, sí…). Le dije amablemente que de verdad, que lo sentía mucho, pero que lo mejor para ambos era que se buscara otro redactor.

Dos meses más tarde volvió a aparecer… me encargó un volumen de artículos grandísimo y quería una buena oferta por todo, ya que eran muchísimos. Le apliqué mi tarifa (0.02/palabra) y por volumen le hice un descuento del 20%. Me contestó que era “demasiado” y que ya había encontrado a otro redactor mejor que yo y que se lo dejaba más barato.

Y esto no terminó aquí, sino que una semana después apareció ofreciéndome un precio cerrado por todo (bastante inferior al que yo le había dicho), porque su redactor no le contestaba los mensajes y que los artículos los necesitaba para YA.

Decidí no contestarle para poner fin a esta película… porque la verdad… parece una historia sacada de un libro. ¡El libro negro de los redactores freelance! Y sí, esa fue mi peor experiencia con un cliente rata.

¡Wow! Me he pasado hablando sobre este cliente rata. Sigamos…

El que no sabe lo que quiere

La verdad es que este tipo de cliente es uno de los que más miedo me dan. Es un cliente que no sabe lo que quiere y que todo lo que le envías no le termina de convencer, ya que por supuesto, ¡el lo haría mejor! Igual te dice que le hables sobre un tema pero sin tocar este otro tema y luego se lo envías y te pide que no le convence, que lo vuelvas a hacer.

Es un tipo de cliente que no suele valorar mucho tu trabajo y hay que tener mucho cuidado con ellos. ¡Podrías perder tiempo y dinero! A veces te encargan un trabajo y desaparecen porque ya no les interesa, son impulsivos.

El impaciente

Es el cliente que lo quiere todo para ayer. Tiene bastante que ver con el cliente pesado, no obstante y por mi experiencia, suele pagar bastante antes. Si queda contento te encargará otros encargos y siempre andará con mucha prisa. Eso sí, no le digas que tienes una tarifa de artículos ‘urgente’ con entregas en un día que cuesta un 20% más que automáticamente dejará de tener prisa y le servirá que se los envíes en 3-4 días. Aún así, suelen ser clientes pagadores.

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Pero eso sí, una vez tuve una experiencia horrible con un cliente impaciente. Me envió un mensaje de WhatsApp y como no le había respondido en el día me llamó poco profesional e incluso me bloqueó. ¡Se debió pensar que en un día no recibo más mensajes!

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El que no te paga

Estos guardan una cierta relación con los clientes olvidadizos… pero si los olvidadizos te terminan pagando aunque sea tarde, este directamente no te paga. Si lo llamas, te bloquea. Si le envías un email, no responde. Es otro de los cánceres de nuestra profesión, porque directamente, no solo no valoran tu trabajo, sino que se creen en su derecho de no pagarte si no les da la gana. Desaparecen y aquí no ha pasado nada. El problema es que a veces suele ser complicado saber qué cliente es este tipo… a veces son los más majos al principio (si tienes dudas siempre puedes cobrar por adelantado).

El pagador

No te creas que me gusta mucho este tipo de cliente…¡es el que te paga antes de empezar un trabajo y sin que se haya acordado una cifra! Hola.. vi en tu web que vendes X artículos por X precio… te acabo de enviar el pago por PayPal … serían estos… los necesito para X día. ¡Esto es fatal! Me ha pasado estar de viaje o directamente ocupada al 200% y recibir este tipo de mensajes. Por ‘suerte’ solo me pasó en dos ocasiones y lo considero un problema grave, ya que ahora PayPal cobra comisión y si se lo devuelves, te aplican una tarifa e igual pierdes un par de euros.

Luego también hay el que te paga antes de empezar un trabajo y todo sale bien. ¡Este es uno de mis clientes preferidos!

Pero también está el que te paga antes de empezar un trabajo, no le gusta y te exige la devolución del dinero para poder contratárselo a otro redactor. Esto último me ha pasado una vez y me dolió bastante. Le devolví el dinero porque no me gusta que un cliente se lleve una mala impresión mía… aunque con el tiempo descubrí que se lo había hecho a otros redactores… por lo que el problema era el cliente, no yo.

El que quiere todo pagando lo mínimo

Este es uno de los clientes que más rabia me dan. Se caracterizan por querer textos profesionales pagando lo mínimo. En mis tarifas tengo algunas que van desde 0.02 € / palabra hasta 0.05 € / palabra. La diferencia está básicamente en el tiempo de estudio de cada artículo, temática, lenguaje empleado, etc. Considero que no es igual hacer una artículo hablando del iPhone X que de una norma ISO o de las últimas leyes (cuando yo soy experta en tecnología y no en derecho).

Pues bien, el problema llega con el cliente que quiere un texto profesional pagando la tarifa de 0.02 (lo mínimo posible). ¡Problemas a la vista! Le explicas que cuando se trata de un texto técnico que requiere horas de estudio e investigación tienes que cobrarlo a 0.05, ya que a 0.02 solo realizas artículos SEO básicos de temáticas sencillas. Te dice que con el de 0.02 es suficiente y lo contrata. A la hora de la verdad… dice que no le gusta y que si tiene que pagarlo, “lo paga”, pero que no es ni de lejos lo que se esperaba. ¡Y eso que le avisé! Es un tipo de cliente con el que es muy complicado lidiar. Cuanto más lejos mejor.

Y voilá. Aquí termina la historia (por ahora). Estos son los 10 tipos de clientes que me he encontrado como redactora freelance. ¿Te has encontrado con alguno de ellos? ¿Te has sentido identificado/a…?